Quiénes somos, de dónde venimos… ¿”Irregulares”?

 

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Seguramente hayas oído hablar de nosotros como “los contratos irregulares de Eusko Irratia”. La palabra “irregular”, llena de connotaciones peyorativas, permite justificar muchas cosas a quien quiere tomar decisiones poco populares y no se atreve o no puede hacerlo. Por eso, permítenos presentarnos.

Somos trabajadores de Radio Euskadi, Euskadi Irratia y Radio Vitoria (conjunto de emisoras de EITB englobadas empresarialmente como “Eusko Irratia”) que llevamos entre 20 y 8 años dando voz a los informativos, los programas y las retransmisiones deportivas de estas radios públicas. Además de eso, somos quienes te atendemos por teléfono cuando te toca un regalo, quienes te responden en las redes sociales cuando nos escribes, y quienes en buena medida permitimos que puedas escuchar nuestros contenidos en la página web de eitb.com.

Llegamos a esta empresa de diferentes maneras. Unos éramos estudiantes cuando vimos una convocatoria de becas, a la que nos presentamos y que superamos, e hicimos entre 6 meses y un año de prácticas (nos renovaron porque consideraron que merecía la pena hacerlo). Otros nos presentamos a pruebas de acceso a bolsas de empleo (y nos contrataron porque consideraron que merecía la pena hacerlo). Otros, también, aprobamos todas las pruebas de una OPE y nos quedamos a las puertas de obtener una plaza fija; y nos ofrecieron un contrato diferente (porque consideraron que merecía la pena hacerlo). Todos, en definitiva, acreditamos de una forma u otra nuestra capacidad respecto a otros candidatos.

En un momento dado, la empresa nos propuso hacernos un contrato de trabajo. Los contratos que se nos ofrecieron fueron mercantiles: teníamos que registrarnos ante la Seguridad Social como autónomos para poder aceptar esos contratos y trabajar para Eusko Irratia. Pagábamos nuestras cuotas de Seguridad Social, hacíamos declaraciones de IVA e IRPF como cualquier trabajador autónomo, no teníamos vacaciones a cuenta de la empresa (porque nosotros éramos nuestra propia empresa) ni derecho a baja por enfermedad. Pero, a diferencia de otros profesionales, no éramos periodistas autónomos “freelance” que ofrecen su trabajo a diferentes medios: nuestros contratos establecían unas obligaciones que hacían que toda nuestra jornada se desarrollara en EITB. Toda nuestra jornada… y más: porque muchos de nosotros trabajábamos más de 40 horas semanales, en algunos casos casi 50. Todas ellas, insistimos, en Eusko Irratia. Ni siquiera teníamos tiempo para ejercer como “autónomos” para otras empresas. Cada mes de junio, cuando la temporada terminaba, la dirección de nuestra emisora decidía si éramos válidos o no, y renovaba o no aquellos contratos. Todos los que estamos hoy aquí pasamos varios años por aquel momento en el que nuestros méritos se ponían sobre la mesa, y se valoraban como óptimos.

Nosotros no éramos los irregulares: lo irregular había sido la gestión de directivos de EITB (directivos que, en algunos casos, siguen trabajando para el Ente, pese a que sus errores han costado millones a los presupuestos de la casa).

Hoy, los actuales directivos de EITB quieren disponer de nuestros contratos como si nada de todo lo anterior hubiera pasado. Como si les hubiera caído del cielo un grupo de trabajadores, de personas que fueron víctimas de un sistema que ellas no habían inventado. Pero esos trabajadores provienen de ese proceso. Han acreditado durante años, para los equipos de dirección y para los propios oyentes, su valía en los micrófonos, como profesionales de las emisoras del grupo público EITB.

Hoy, la dirección dice que quiere “regularizar” una situación que ya fue “regularizada” por una inspección de trabajo. Los responsables de EITB hablan de esos trabajadores como “los irregulares”, simplemente, porque eso le permitirá con mayor facilidad hacer un recorte de personal y echar a la calle a la mitad (sí, al 50%). También se habla de “irregulares” en otros ámbitos en los que las consecuencias son más nefasta, y llevan por ejemplo a colocar verjas electrificadas y concertinas en las fronteras. Aquí, usar esa palabra, “irregular”, trata de obviar que nuestra entrada en Eusko Irratia fue totalmente legítima, con igualdad de oportunidades respecto a otros candidatos; que nuestra permanencia en Eusko Irratia fue por motivos de mérito (al menos a juicio de directivos que, en algunos casos, hoy siguen en la dirección); y que, si alguien ha cometido graves errores y perjuicios en todo este proceso, no hemos sido quienes trabajamos en la redacción. Los errores hay que buscarlos, precisamente, en esos despachos que hoy hablan de “regularizar” cuando piensan, en realidad, en un ERE encubierto.

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